domingo

Una fervorosa multitud participó del cierre de las fiestas de la Virgen del Valle

Con una multitudinaria procesión, durante la soleada tarde del domingo 30 de abril, culminaron las fiestas en honor de Nuestra Señora del Valle, en el contexto del Año Diocesano de la Formación de los Discípulos Misioneros, primero del trienio de preparación para el Jubileo por los 400 años del hallazgo de la Madre Morena en la Gruta de Choya.
La apertura de los actos se concretó con la salida de la Imagen cuatro veces centenaria desde el Santuario, precedida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, junto con sacerdotes del clero catamarqueño y algunos llegados de otras diócesis hermanas. En esta oportunidad, la urna festiva con la Madre Morena fue portada por integrantes de la Brigada Aerotransportada 4° de Córdoba, a cargo del Coronel Omar Francisco Di Benedetto, un privilegio que tuvieron por primera vez
desde que peregrinan para rendirle tributo, y escoltada por la Guardia de Honor de la Policía de la Provincia y gauchos de distintas agrupaciones con las banderas papal y argentina, y de las provincias.
Cientos de personas ubicadas detrás del vallado colocado en el Paseo de la Fe la recibieron jubilosas, mientras se escuchaban los sones de la Banda de Música de la Policía de la Provincia, en medio de vivas y aplausos, mientras Cadetes de la Policía de la Provincia formaban un cordón en el tarimado dispuesto delante
del atrio, donde fue colocada la urna sobre un altar.
Inmediatamente comenzó el desplazamiento de las delegaciones de peregrinos que portaban sus estandartes, banderas e imágenes de los Santos Patronos de sus comunidades, tanto de la diócesis catamarqueña como de los grupos provenientes de diferentes provincias; además de instituciones y organizaciones que saludaron a su paso a la Madre Morena.
Mons. Urbanc descendió del tarimado para saludar y bendecir a quienes hacían su pasada por el lugar, en un clima de mucha alegría y emoción.
Seguidamente se encolumnaron religiosos, religiosas y sacerdotes junto al Obispo
Diocesano y comenzó la procesión con la Venerada Imagen. Detrás de la Virgen se ubicaron la Gobernadora de Catamarca, Dra. Lucía Corpacci; el Intendente de Capital, Lic. Raúl Jalil, funcionarios, legisladores, autoridades judiciales y otras nacionales, provinciales y municipales, y de las fuerzas de seguridad.
Los devotos y peregrinos se fueron sumando a esta manifestación pública de fe, mientras los guías iniciaban el rezo del Santo Rosario, con textos bíblicos al comienzo de cada misterio, bajo la animación de los grupos de música Yanai y Kairós y las voces de representantes de los ámbitos de la catequesis y la educación.
A lo largo del trayecto se meditó a la luz del Documento de Aparecida, y se rezó por las
intenciones de todos los feligreses.
Al llegar a La Alameda, donde la Sagrada Imagen fue coronada hace 126 años, fue recibida por cientos de devotos que la esperaban para saludarla emocionados con pañuelos en alto, vivas y aplausos. Frente al complejo cultural Urbano Girardi una lluvia de papelitos celebró el paso de la Imagen.
La procesión completó su recorrido en medio del júbilo de los cantos, las oraciones, vivas y reflexiones.
Ya de regreso, cuando las luces del día se habían apagado, frente al atrio de la Catedral Basílica, la Virgen fue saludada con los acordes de la Banda de Música, tras lo cual fue colocada en el trono festivo.

Mensaje final del Obispo
Seguidamente el Pastor Diocesano expresó su mensaje final:


Peregrinos. “Madre santa del Valle, tus devotos y peregrinos te saludamos y agradecemos por habernos convocado nuevamente a la fiesta del amor cristiano en torno a las mesas de la Palabra y de la Eucaristía, para escuchar las enseñanzas de tu amadísimo Hijo Jesús y para recibir su santísimo cuerpo y su preciosísima Sangre entregados para la salvación de toda la humanidad.
Hermosos momentos y bellas experiencias hemos tenido junto a Ti. Hemos compartido como hermanos, todos cuantos nos reunimos en torno a Ti, venidos de distintos puntos de nuestra patria. Cada uno trayendo en la alforja de la vida sus penas y alegrías para suplicar y agradecer.

Discípulos-misioneros. Te pido, querida Madre, que nos sigas ayudando a ser ‘Discípulos-Misioneros como Tú’, dispuestos siempre a profundizar con seriedad y compromiso la fe que recibimos en el bautismo, para saber dar respuestas del sentido de la vida terrena a cuantos nos lo pidan. Que los padres lo hagan con los hijos, que los maestros lo hagan con los alumnos, que las autoridades lo hagan con el pueblo que los eligió, que los sacerdotes lo hagamos con los fieles, que los catequistas lo hagan con los catequizandos, que los médicos lo hagan con los enfermos, los jueces con los juzgados, los profesionales con los menos instruidos; en fin, los unos con los otros.

Paz. Querida Madre, Tú conoces muy bien los avatares de la humanidad en todos los rincones del mundo. Te pido que arranques del corazón de Dios la gracia que necesitan los responsables de que haya paz en el mundo, que los que viven radicalizados en el
fanatismo consideren cuánto hacen sufrir con sus locuras injustificables; que los prisioneros de fundamentalismos de todo tipo sean iluminados con la fuerza del amor para que descubran que sólo por las sendas del amor es posible resolver todos los conflictos e inequidades; que los que hicieron de la fabricación de armas el modo de enriquecerse dejen de fomentar conflictos para que su negocio siga adelante; que las autoridades de los países más ricos y desarrollados propicien políticas de diálogo y eliminación de los presupuestos para armamento, canalizando los bienes que produce el trabajo humano para la escolaridad, la salud, la alimentación y el progreso de todos los pueblos.

Inundados. También te pido por todos los que han padecido los desbordes de la naturaleza, terremotos, inundaciones, aludes, incendios, sequías, etc., en particular te menciono a los hermanos inundados de nuestra patria: en La Madrid – Tucumán, El Portezuelo, Antapoca, Santa Rosa, Paclín, Catamarca, en Comodoro Rivadavia, en Salta, en Jujuy, en Córdoba, en Santa Fe, en Buenos Aires. Mucho nos ha movilizado para ayudar, pero haz que nos cansemos de socorrer a tantos damnificados que necesitan rehacer sus hogares y que se instrumenten las medidas que prevengan desastres y angustias futuras.

Año electoral. Sabes que estamos en año electoral, te suplico que envíes la Luz del Espíritu Santo sobre cada ciudadano que se postulará para recibir algún mandato de la sociedad, a fin de que sea muy consciente de la idoneidad, honestidad y conducta íntegra que tendrá que tener para cumplir fructuosamente con la función encomendada. Que todos los ciudadanos nos dejemos animar por el amor de Dios para ser responsables a la hora de emitir el voto; que sepamos discernir lo que más convenga para el bien de todos y no sólo de un sector; que no nos dejemos llevar por animosidades y mezquindades, sino que seamos magnánimos y comprometidos con nuestras responsabilidades personales, que dejemos la mala praxis de esperarlo todo de los otros y de ser criticones enfermizos.

Jubileo y peregrinos. Por último, querida Madre, te pido dos cosas: *que nos acompañes en la preparación, que ya comenzamos, del Gran Jubileo del hallazgo de tu sagrada Imagen en el cercano año 2020, con un corazón humilde y renovado; *y que acompañes en su regreso a todos los hermanos que nos visitaron y que nos renovaron con su fe y su gran amor a Ti. Protégelos, guíalos y dales la gracia de que puedan volver a verte y de celebrar el próximo jubileo.
Madre bendita, que las lágrimas que brotan brillantes de nuestros ojos por esta inevitable despedida, sean semillas de un mayor amor a Dios y al prójimo y de una vida más semejante a la tuya en amor, humildad, servicio, oración, alegría y paz. Amén.

Himnos e indulgencias
Continuando con la ceremonia de cierre, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y del Himno de Catamarca, y se acompañó el arriamiento de la Bandera.
El Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, anunció la Bendición Papal acompañada de las indulgencias plenarias para quienes reúnen las condiciones para recibirlas.
Como corolario de esta gran fiesta, en medio de pañuelos agitados y luces de celulares, la Sagrada Imagen fue llevada por el Obispo hasta el Camarín, mientras el canto “Adiós Reina del Cielo” acompañaba este último recorrido, despidiéndose los peregrinos hasta las próximas festividades, que comenzarán el 29 de noviembre y culminarán el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción.




Mons. Urbanc en la Misa Solemne

“Que seamos discípulos-misioneros bien formados para que sepamos dar razones de nuestra esperanza”

En la mañana del domingo 30 de abril, se llevó a cabo la Misa Solemne, principal celebración eucarística de la jornada, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por sacerdotes del clero catamarqueño y de provincias vecinas que llegaron como peregrinos al Santuario Mariano.
Participó de la ceremonia litúrgica una gran cantidad de fieles devotos y peregrinos, que colmaron el templo catedralicio para tributarle honores a la Madre Morena ubicada en su trono bellamente adornado con flores rosadas, al igual que el altar, el cirio
pascual y el ambón desde donde se proclamó la Palabra de Dios.
En su homilía, a tono con el año dedicado a la formación de los discípulos misioneros, el Obispo destacó que “la formación es un elemento imprescindible para poder valorar y vivir de la fe que recibimos de nuestros mayores por medio de la Iglesia, que es madre, a ejemplo de la Madre del Señor. Aprovechemos muy bien el tiempo para profundizar las verdades reveladas y que están contenidas en el símbolo de la fe, el Credo. Esto les permitirá amar más a Dios y al prójimo. Fruto de este amor surgirá el servicio a la noble causa del reinado de Dios en el mundo. Quien conoce, ama; y el que ama, sirve a ejemplo de Jesús que ‘no vino a ser servido, sino a servir, y a dar la vida’; más aún, a darnos su vida, para que también nosotros lo imitemos”.
En otra parte de su predicación expresó: “Querida Madre del Valle, nuevamente tu amor y
tu fidelidad nos han convocado para decirte gracias, y perdón por nuestras torpezas. Una sola cosa te pedimos, no te canses de llamarnos porque te necesitamos. Tú sabes que somos inconstantes, olvidadizos, desagradecidos, reincidentes y flojos para vivir de acuerdo a la fe y esperanza cristianas; a cada paso nos atrapa el mundo con sus vanas ilusiones y nos apartamos del buen obrar, según la caridad que nos legó tu amado Hijo Jesús. Escucha las súplicas de tantos hijos e hijas que claman por tu maternal socorro, otórgales la gracia de conocer más y mejor a Jesús, el fruto de tu vientre purísimo, para que sepan pedir lo que verdaderamente necesitan, y lo reciban del Buen Padre Dios; así crecerá en ellos la fe y el amor a Dios y a los semejantes”.
Y rogó: “Concédenos la gracia de que todos seamos Discípulos-Misioneros bien formados como Tú para que ‘sepamos dar razones de nuestra esperanza a quienes nos la pidan’”.

La celebración litúrgica contó con el servicio de música del Coro Cantus Nova, dirigido por el Prof. Ariel muego de la liturgia eucarística, el Obispo rezó la oración del trienio de preparación por los 400 años del hallazgo de la Imagen de la Santísima Virgen del Valle delante de su trono y dio la bendición final a todos los presentes y a quienes participaron de la Santa Misa a través de la transmisión en directo de Radio María. 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
                                                              Con esta celebración Eucarística honramos con toda solemnidad a nuestra Bendita Madre del Valle, la Pura y Limpia Concepción, de quien nació el Salvador del Mundo, Jesús, el Mesías.
            ¡Bienvenidos a esta sagrada liturgia!  Que reciban en ella las gracias que necesitan para vivir más a fructuosamente su fe, esperar con mayor gozo el abrazo definitivo con Dios y amar con el estilo de Jesús a sus semejantes.
            Para este día se nos propuso meditar acerca de la Eucaristía como fuente y cumbre de la formación de los discípulos-misioneros. En verdad la Eucaristía es verdadera cátedra de espiritualidad y vida cristianas. En ella somos alimentados con la Palabra de Dios y con el Cuerpo y Sangre de Cristo, y, así, fortalecidos para el ejercicio diario de la caridad, de manera que seamos verdaderos y alegres “Discípulos-Misioneros como María”.
            En la primera lectura del Apocalipsis, la Palabra de Dios nos anoticia del fruto irrevocable que produjo la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existe más. Vi la Ciudad Santa que descendía del cielo… y Dios mismo morará con los hombres y será su Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes ya pasó” (cf. Ap 21,1-4). Todo esto se puede afirmar como realidad absoluta e incuestionable porque Cristo está vivo, vencedor del pecado y de la muerte eterna, pues resucitó al tercer día, según las Escrituras y nos envió al Espíritu Santo, Señor y Dador de vida.
            En todo este Plan Misericordioso del Padre Eterno, también está la Virgen María, como estrecha colaboradora de la redención del mundo. El SÍ eterno del Hijo al Padre, tiene su correlato en el Sí terreno de la Virgen Madre, con el que se revierte de modo definitivo la desobediencia original.
            De igual modo, el himno paulino de la carta a los efesios (Ef 1,3-12) engloba a la humilde servidora de Nazaret, quien representa el bien por excelencia y la elegida antes de la creación del mundo para ser la Madre del Salvador, a fin de que fuéramos santos e irreprochables ante Dios por el Amor. Ella es la primera predestinada a ser hija de Dios para dar a luz al Hijo único de Dios. En la sangre derramada por el Hijo para el perdón de los pecados corría también la sangre de la fiel Madre dolorosa, representante fidedigna de la sufriente e ingrata humanidad. El corazón de la Gracia del Padre en favor de la redención de la humanidad es su Hijo amado, pero asociada estrechamente va la Madre santa. Ella pertenece al designio misericordioso que nos hizo conocer el misterio de Dios que estableció de antemano en Cristo para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos, y así, congregar todas las cosas, celestes y terrestres, bajo un solo Señor, que es Cristo y también allí está, a la que coronó como Reina por su libre y total obediencia. Por Cristo y con María somos herederos de cuanto esperamos para alabanza de la Gloria de Dios Padre en el Espíritu Santo.
            Tanto amó Dios a la Virgen pre-redimida que la asoció no sólo a la Encarnación de su Hijo, sino que la condecoró haciéndola partícipe de su Cruz, a fin de que su maternidad (cf. Jn 19,26-27) se extendiera a todos los seres humanos de todos los tiempos, razas y naciones. Allí ya estábamos presentes nosotros, que desde hace 400 años la honramos como Madre, Maestra y modelo de todas la virtudes que necesitamos tener para merecer tan grande regalo de la Providencia de Dios en orden a encaminar nuestras vidas según las pautas del Evangelio y de la fe recibida en el bautismo. Se nos pedirá cuentas de este Don y no tendremos excusas de no haberlo aprovechado.
            Mis queridos hermanos, la formación es un elemento imprescindible para poder valorar y vivir de la fe que recibimos de nuestros mayores por medio de la Iglesia, que es madre, a ejemplo de la Madre del Señor. Aprovechemos muy bien el tiempo para profundizar las verdades reveladas y que están contenidas en el símbolo de la fe, el Credo. Esto les permitirá amar más a Dios y al prójimo. Fruto de este amor surgirá el servicio a la noble causa del reinado de Dios en el mundo. Quien conoce, ama; y el que ama, sirve a ejemplo de Jesús que ‘no vino a ser servido, sino a servir, y a dar la vida’ (cf. Mc 10,45); más aún, a darnos su vida, para que también nosotros lo imitemos.
            Querida Madre del Valle, nuevamente tu amor y tu fidelidad nos han convocado para decirte gracias, y perdón por nuestras torpezas. Una sola cosa te pedimos, no te canses de llamarnos porque te necesitamos. Tú sabes que somos inconstantes, olvidadizos, desagradecidos, reincidentes y flojos para vivir de acuerdo a la fe y esperanza cristianas; a cada paso nos atrapa el mundo con sus vanas ilusiones y nos apartamos del buen obrar, según la caridad que nos legó tu amado Hijo Jesús. Escucha las súplicas de tantos hijos e hijas que claman por tu maternal socorro, otórgales la gracia de conocer más y mejor a Jesús, el fruto de tu vientre purísimo, para que sepan pedir lo que verdaderamente necesitan, y lo reciban del Buen Padre Dios; así crecerá en ellos la fe y el amor a Dios y a los semejantes.
            Concédenos la gracia de que todos seamos Discípulos-Misioneros bien formados como Tú para que ‘sepamos dar razones de nuestra esperanza a quienes nos la pidan’ (cf. 1Pe 3,15).  Amén

Mons. Urbanc en el homenaje de las familias a la Virgen

“El sacramento del matrimonio no es una convención social, es un don para la santificación de los esposos”
                       
El sábado 29 de abril en la última noche del Septenario, las familias rindieron su homenaje a la Madre del Valle.                       
El templo estuvo repleto de familias y peregrinos en la celebración central, que fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y fue concelebrada por  varios sacerdotes del clero capitalino, entre ellos el Pbro. Eduardo López Márquez, Delegado Episcopal de la Pastoral Familiar.                       
Durante la Santa Misa, los matrimonios renovaron sus promesas matrimoniales y antes de finalizar se vivió un momento emotivo cuando el Obispo bendijo a las mamás embarazadas e impuso las manos a los padres presentes.
En su extensa y sustanciosa homilía, Mons Urbanc citó al Papa Francisco, quien “asemeja la tarea de la Iglesia, en el ámbito del matrimonio y la familia, a la de un hospital de campaña. La Iglesia sabe que la ruptura del vínculo conyugal va contra la voluntad de Dios, pero también es consciente de la fragilidad de muchos de sus hijos. En su exhortación
‘Amoris Laetitia’ procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza como debiera ser o no se desarrolla con paz y gozo".
También mencionó a San Juan Pablo II, quien afirmaba que “nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo. Por eso, la pareja humana entre un varón y una mujer expresan esta imagen trinitaria de Dios ‘hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza’, que se plenifica con la llegada de los hijos, que no son propiedad de los padres, sino que tienen por delante su propio camino de vida”, expresó.
El Obispo dijo que “en el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca una virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura. Con ella podemos dar batalla al individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por considerar a cada miembro de la familia como una isla. El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos”.
En otro tramo de su extensa reflexión, enfatizó que “hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, pues las relaciones familiares explican la predisposición a una personalidad violenta. No se terminan de erradicar costumbres inaceptables. Destaco la vergonzosa violencia que, con tanta frecuencia, se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación”.

El sacramento del matrimonio

Mons. Urbanc manifestó que “el sacramento del matrimonio no es una convención social, un rito vacío o el mero signo externo de un compromiso. El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos. El matrimonio es una vocación, la decisión de casarse y de crear una familia debe ser fruto de un discernimiento vocacional”.
Asimismo, afirmó que “si la familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada, constituye una contradicción lacerante que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada. Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano. En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. El amor no es sólo un sentimiento, sino sobre todo una maravillosa e inagotable tarea, que tiene su fuente en el hacer el bien”.
También consideró que “debemos alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar -que a menudo son testigos de la fidelidad matrimonial- a encontrar en la Eucaristía el alimento que las sostenga en su estado. En cambio, a las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles saber y sentir que son parte de la Iglesia, que ‘no están excomulgadas’, porque siempre integran la comunión eclesial, y tener caridad para identificar los casos de nulidad. El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas”.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos devotos y peregrinos:
                                      En este último día del septenario se nos propuso contemplar a María como formadora de los discípulos-misioneros.
            Hoy rinden su homenaje a la Virgen del Valle las familias y todos cuantos de una u otra forma trabajan de cerca con las familias: Pastoral Familiar, Movimiento Familiar Cristiano, cuidado de las embarazadas, Grávida, Renacer, Familiares de Víctimas por Accidentes de Tránsito Catamarca, etc. Bienvenidos a esta celebración en el día litúrgico de nuestra celestial Protectora; que la Madre celestial los escuche y socorra en sus necesidades.
            El Papa Francisco asemeja la tarea de la Iglesia, en el ámbito del matrimonio y la familia, a la de un hospital de campaña. La Iglesia sabe que la ruptura del vínculo conyugal va contra la voluntad de Dios, pero también es consciente de la fragilidad de muchos de sus hijos. En su exhortación ‘Amoris Laetitia’, que seguiré de cerca, procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza como debiera ser o no se desarrolla con paz y gozo.
San Juan Pablo II afirmaba que nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo. Por eso, la pareja humana entre un varón y una mujer expresan esta imagen trinitaria de Dios ‘hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza’ (Gn 1,27), que se plenifica con la llegada de los hijos, que no son propiedad de los padres, sino que tienen por delante su propio camino de vida. De allí que los padres los tienen que cuidar aún más, porque sólo pertenecen a Dios, quien los ha creado y se los confía para que los eduquen en el conocimiento, amor y servicio de Dios. La fecundidad de la pareja humana es imagen viva y eficaz, signo visible del acto creador de Dios, participado a la creatura humana. La pareja que ama y genera la vida es la verdadera escultura viviente, capaz de manifestar al Dios, creador y salvador. De allí que la familia es la escuela de la catequesis de los niños. Jesús muestra que la elección de vida del hijo y su misma vocación cristiana pueden exigir una separación para cumplir con su propia entrega al Reino de Dios. Es más, él mismo a los doce años responde a María y a José que tiene otra misión más alta que cumplir más allá de su familia histórica. Jesús llega al punto de presentar los niños a los adultos casi como maestros, por su confianza simple y espontánea ante los demás: ‘En verdad les digo que si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos’ (Mt 18,3).
Jesús conoce las ansias y las tensiones de las familias incorporándolas en sus parábolas: desde los hijos que dejan sus casas para intentar alguna aventura (cf. Lc 15,11-32) hasta los hijos difíciles con comportamientos inexplicables (cf. Mt 21,28-31) o víctimas de la violencia (cf. Mc 12,1-9). Y se interesa incluso por las bodas que corren el riesgo de resultar bochornosas por la ausencia de vino (cf. Jn 2,1-10) o por falta de asistencia de los invitados (cf. Mt 22,1-10), así como conoce la pesadilla por la pérdida de una moneda en una familia pobre (cf. Lc 15,8-10).
En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca una virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura. Con ella podemos dar batalla al individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por considerar a cada miembro de la familia como una isla. El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. La libertad para elegir permite proyectar la propia vida y cultivar lo mejor de uno mismo, pero si no tiene objetivos nobles y disciplina personal, degenera en una incapacidad de donarse generosamente. La familia puede convertirse en un lugar de paso, al que uno acude cuando le parece conveniente para sí mismo, o donde uno va a reclamar derechos, mientras los vínculos quedan abandonados a la precariedad voluble de los deseos y las circunstancias. Muchos no sienten que el mensaje de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia haya sido un claro reflejo de la predicación y de las actitudes de Jesús que, al mismo tiempo que proponía un ideal exigente, nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera. Idealizar el matrimonio excesivamente, sobre todo, cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario. Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos.
El narcisismo vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades. Pero quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica. Las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente. Las crisis matrimoniales frecuentemente se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio.
Las personas con discapacidad son para la familia un don y una oportunidad para crecer en el amor, en la ayuda recíproca y en la unidad. En las sociedades altamente industrializadas la tasa de natalidad disminuye y los ancianos aumentan y corren el riesgo de ser percibidos como un peso.
Hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, pues las relaciones familiares explican la predisposición a una personalidad violenta. No se terminan de erradicar costumbres inaceptables. Destaco la vergonzosa violencia que, con tanta frecuencia, se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar y distintas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación.
Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo no pueden equipararse sin más al matrimonio. Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad. No hay que ignorar que el sexo biológico y el papel sociocultural del sexo, se pueden distinguir pero no separar. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera. Una educación sexual que cuide un sano pudor tiene un valor inmenso, aunque hoy algunos consideren que es una cuestión de otras épocas. Es una defensa natural de la persona que resguarda su interioridad y evita ser convertida en puro objeto. Es irresponsable toda invitación a los adolescentes a que jueguen con sus cuerpos y deseos, como si tuvieran la madurez, los valores, el compromiso mutuo y los objetivos propios del matrimonio. Asumir tareas domésticas a nadie lo hace menos ni significa un fracaso, una claudicación o una vergüenza. La Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles confianza y esperanza.
El sacramento del matrimonio no es una convención social, un rito vacío o el mero signo externo de un compromiso. El sacramento es un don para la santificación y la salvación de los esposos. El matrimonio es una vocación, la decisión de casarse y de crear una familia debe ser fruto de un discernimiento vocacional. La unión sexual, vivida de modo humano y santificada por el sacramento, es a su vez camino de crecimiento en la vida de la gracia para los esposos. El amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia. Entonces, ningún acto genital de los esposos puede negar este significado, aunque por diversas razones no siempre pueda de hecho engendrar una nueva vida. El hijo reclama nacer del amor, y no de cualquier manera, ya que él no es un derecho sino un don. Si la familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada, constituye una contradicción lacerante que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada. Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano. En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor. El amor no es sólo un sentimiento, sino sobre todo una maravillosa e inagotable tarea, que tiene su fuente en el hacer el bien. Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que cuida, comprende y protege al débil. Es importante que los cristianos vivan esto en su modo de tratar a los familiares poco formados en la fe, frágiles o menos firmes en sus convicciones. A veces ocurre lo contrario: los supuestamente más adelantados dentro de su familia, se vuelven arrogantes e insoportables. Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. Suelen guardar silencio para no dañar su imagen. Cuando nos han ofendido y decepcionado, el perdón es posible y deseable, aunque sabemos no es fácil.
Todos somos una compleja combinación de luces y de sombras. El otro no es sólo eso que a mí me molesta. Es mucho más que eso. Por la misma razón, no le exijo que su amor sea perfecto para valorarlo. Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o irreal. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar. Hay un punto donde el amor de la pareja alcanza su mayor liberación y se convierte en un espacio de sana autonomía: cuando cada uno descubre que el otro no es suyo, sino que tiene un único dueño mucho más importante: el Señor Jesús. El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo. Muchas veces uno de los cónyuges no necesita una solución a sus problemas, sino ser escuchado. Tiene que sentir que se ha percibido su pena, su desilusión, su miedo, su ira, su esperanza, su sueño. La alegría matrimonial, que puede vivirse aun en medio del dolor, implica aceptar que el matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos.
Para que el diálogo conyugal o de otra índole valga la pena hay que tener algo que decir, y eso requiere una riqueza interior que se alimenta en la lectura, la reflexión personal, la oración y la apertura a la sociedad. De otro modo, las conversaciones se vuelven aburridas e inconsistentes. Cuando ninguno de los cónyuges se cultiva y no existe una variedad de relaciones con otras personas, la vida familiar se vuelve endogámica y el diálogo se empobrece.
A veces sucede que algunas familias cristianas, por el lenguaje que usan, por el modo de decir las cosas, por el estilo de su trato, por la repetición constante de dos o tres temas, son vistas como lejanas, como separadas de la sociedad, y hasta sus propios parientes se sienten despreciados o juzgados por ellas. Por eso, cuando  quienes comulgan se resisten a dejarse impulsar en un compromiso con los pobres y sufrientes, o consienten distintas formas de división, de desprecio y de inequidad, la Eucaristía es celebrada y recibida indignamente.
A los matrimonios jóvenes hay que motivarlos a crear una rutina propia: darse siempre un beso por la mañana, bendecirse todas las noches, esperar al otro y recibirlo cuando llega, cada tanto salir juntos, compartir tareas domésticas, etc. No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa. Cada crisis implica un aprendizaje que permite incrementar la intensidad de la vida compartida. En una crisis no asumida, lo que más se perjudica es la comunicación. Y, se ha vuelto frecuente que, cuando uno siente que no recibe lo que desea, o que no se cumple lo que soñaba, eso parece ser suficiente para dar fin a un matrimonio. Así no habrá matrimonio que dure.
Por otro lado, debemos alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar -que a menudo son testigos de la fidelidad matrimonial- a encontrar en la Eucaristía el alimento que las sostenga en su estado. En cambio, a las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles saber y sentir que son parte de la Iglesia, que ‘no están excomulgadas’, porque siempre integran la comunión eclesial, y tener caridad para identificar los casos de nulidad. El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas. De allí que, las comunidades cristianas no deben dejar solos a los padres divorciados en nueva unión. Al contrario, deben incluirlos y acompañarlos en su función educativa. El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero. Hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición. Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. Si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad (cf. Mt 18,17). Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión. Pero aun para él puede haber alguna manera de participar en la vida de la comunidad, sea en tareas sociales, en reuniones de oración o de la manera que sugiera su propia iniciativa. Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo que llevara a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral. ¡Que nunca alguien crea que se pretenden disminuir las exigencias del Evangelio! De ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza.
Para finalizar, les hago oír lo que les dice la Madre del cielo: “¡Caminen, amados esposos y amadas familias, sigan caminando!  Lo que Dios les promete es siempre más. No desesperen por sus límites y debilidades, ni renuncien a buscar la plenitud de amor y comunión que el Hijo de Dios, encarnado en mis puras entrañas, les prometió que recibirán de la vivencia responsable y creyente del amor conyugal.

¡¡¡Madre de los matrimonios y las familias, ruega por nosotros!!!

sábado

PROGRAMA DEL DOMINGO 30 DE ABRIL


El cierre de las fiestas marianas podrá seguirse por TV con transmisión satelital y a través del audio por Internet en www.diocesisdecatamarca.org.ar, o prensaobispadocatamarca.blogspot.com.

El domingo 30 de abril culminan las Fiestas en honor a la Virgen del Valle, con la Solemne Procesión con la bendita Imagen de la Virgen del Valle, enmarcadas en el Año Diocesano de los Discípulos Misioneros, que da inicio al trienio de preparación para la celebración de los 400 años del hallazgo de la Imagen en la Gruta de Choya.
A las 17.30 será el solemne encuentro de María con su pueblo frente al Santuario, que comienza cuando la Imagen sale de la Catedral acompañada por el Obispo Diocesano y el Presbiterio. Al igual que el año anterior, antes de la salida de la columna procesional, los peregrinos se ordenarán sobre calle Sarmiento, para desplazarse frente a la Sagrada Imagen que estará ubicada en el atrio de la Catedral.
En tanto, a las 18.00 dará inicio la Solemne Procesión que partirá desde el Santuario y Catedral Basílica, recorriendo las siguientes calles: Sarmiento, República, Mariano Moreno, San Martín, Rivadavia, República y Sarmiento, regresando al Paseo de la Fe. Al finalizar la procesión habrá misa.

Transmisión satelital
Debido a que gran cantidad de devotos de la Madre Morena no podrán asistir por razones de salud, de distancias u otras, tal como viene ocurriendo en las ediciones anteriores, el Sindicato Argentino de Televisión (Satsaid) Catamarca, junto con distintos medios locales, realizará la transmisión satelital de la Procesión, a partir de las 17.30, según los siguientes parámetros:
Recepción: 12066,5 - Recepción en Horizontal
‎Symbol Rate: 2500
FEC: 7/8
El satélite ARSAT 1

Audio por Internet
También se podrá acceder al audio por internet, como se viene realizando durante todas las celebraciones litúrgicas del Septenario, a través de la página web de la Diócesis de Catamarca: www.diocesisdecatamarca.org.ar y del blog: prensaobispadocatamarca.blogspot.com.
Para las radios del interior que tengan el programa "zara radio" el código es: http://server6.veemesoft.com.ar:9310/.
Por cualquier inquietud comunicarse con el señor Osvaldo Reynoso.

Programa del domingo 30
5.30- Santo Rosario y Ángelus.
6.00- MISA Peregrinos.
7.00-Laudes.
7.30- MISA Peregrinos.
9.00- MISA SOLEMNE presidida por S.E.R. Mons. Luis Urbanč, Obispo de Catamarca.
11.00- MISA Peregrinos.
12.00- Ángelus y Letanías.
Confesiones
Durante la mañana y la tarde habrá sacerdotes disponibles para celebrar el Sacramento de la Reconciliación.

En la Ermita de Valle Viejo
8.00- Misa y Procesión.
En Antapoca
11.00- Santa Misa.


Los jóvenes homenajearon a la Virgen en un clima de fiesta y rogando por la paz

El Obispo pidió la intercesión de la Madre Morena para que sean “apóstoles humildes y valientes del tercer milenio y heraldos generosos del Evangelio”.

En la penúltima noche del Septenario, cuando la ciudad se comienza a preparar para la tradicional Procesión con la Sagrada Imagen, los jóvenes homenajearon a la Reina del Valle.
Convocados por el Equipo de Pastoral Juvenil Diocesana, adolescentes y jóvenes de movimientos e instituciones y parroquias se dieron cita a las 19.00 en el Paseo de la Fe, para compartir juegos y actividades. Invitaron a los chicos que se encontraban reunidos en la plaza 25 de Mayo a bailar y cantar, anunciando la preparación para celebrar los 400 años del hallazgo de la Imagen bendita en Choya; y a participar de la Santa Misa, anotando las intenciones para poner a los pies de María.
A las 21.00 dio inicio la Eucaristía, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el responsable de la Pastoral de Juventud, Pbro. Diego Manzaraz, y sacerdotes peregrinos que llegaron desde diócesis vecinas a honrar a la Madre del Valle.
Ingresaron al Santuario Mariano, junto con los celebrantes, vestidos de blanco como signo de la paz que buscan para sus corazones, su familia y el mundo entero.
Como gesto, ofrecieron un Rosario misionero compuesto por globos que tenían adosadas las intenciones que anotaron en el paseo público.

Participaron de la liturgia con alegría y respeto y escucharon la homilía a los pies del Obispo y cantaron con emoción guiados por el coro de jóvenes de los franciscanos.
En su homilía, Mons. Urbanc se dirigió a los jóvenes, manifestándoles que “Jesucristo les muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad. No sólo a ustedes; también a sus compañeros y amigos alejados de la práctica religiosa e, incluso, de la fe o desconocedores de la misma. Jesús los busca para encarnarse en sus corazones de jóvenes”.
Afirmó que “el problema serio en nuestra sociedad es el divorcio entre fe y vida. Justificamos nuestro proceder diciendo que las circunstancias han cambiado. Es cierto que
las circunstancias han cambiado, pero también han cambiado las posibilidades y las modalidades para cumplir con estas obras de amor y de justicia social por las cuales podemos y debemos ser luz del mundo y sal de la tierra ante las continuas emergencias que se presentan”.  
Y agregó que “todos podemos hacer llegar nuestra ayuda a nuestros hermanos en desgracia, por lejanos que se encuentren, ante los males que se han arraigado en nuestra sociedad como la violencia, el robo, la falta de oportunidades para trabajar y las ganas de trabajar, la corrupción, la mentira, el odio, la envidia, el egoísmo, la vagancia y las adicciones. Ante la injusticia y atropellos que sufren los más débiles como son los no nacidos, los niños y los ancianos, las oportunidades de participar van creciendo, no sólo denunciando, sino comprometiendo la propia vida en acciones y actitudes que cuiden y dignifique toda vida humana”.

Luego les dijo: “Queridos jóvenes, el mundo consumista en el que viven, no los foguea para el sacrificio, el dolor y las contrariedades, todo lo contrario. Por eso, es muy importante que le pidan al Señor que les ayude a vivir con realismo la vida terrena, que es como un campo de batalla que exige abnegación, disciplina, confianza absoluta en Dios, oración y perseverancia en el buen obrar, si es que quieren participar en el triunfo de Cristo”.

En el tramo final de su predicación pidió a la Virgen, en las vísperas de su fiesta, “por los jóvenes aquí presentes y por tantos que no vinieron a honrarte, pero que están llenos de sueños y esperanzas. Ellos son los centinelas del mañana, el pueblo de las Bienaventuranzas: son la esperanza viva de la Iglesia y del mundo. Santa María, Madre de los jóvenes, intercede para que sean testigos de Cristo Resucitado, apóstoles humildes y valientes del tercer milenio y heraldos generosos del Evangelio”.

viernes

Se realizó una nueva edición del Vallecito en Chumbicha

En la tarde del jueves 27 de abril, los alumnos del Colegio Privado Clorinda Orellana Herrera (CPCOH) de los niveles Inicial y Primario participaron de una nueva edición del "Vallecito", manifestación que se realiza con motivo de las fiestas de la Virgen del Valle, tanto en Capital como en el barrio San Martín de la localidad de Chumbicha.
Los pequeños marcharon por las calles de la localidad cantando, para luego, frente al templo parroquial de Nuestra Señora de Luján, realizaron diferentes actividades para honrar a la Madre Morena.
Cabe destacar, el acompañamiento de toda la comunidad educativa, desde padres hasta docentes, quienes hicieron su aporte para que el Vallecito sea un éxito.

Antes de finalizar, el Padre Marcelo Amaya les dio la bendición a los niños y a todos los presentes, entre quienes se encontraba la diputada provincial Analía Brizuela.

PROGRAMA SÁBADO 29 DE ABRIL


La escuela Nº 164 peregrinó desde San Antonio hasta la Catedral


En la madrugada del viernes 28 de abril, la comunidad educativa de la escuela Nº 164 Provincia de Buenos Aires, partió en peregrinación desde la localidad de San Antonio, departamento Fray Mamerto Esquiú, hasta la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle. Directivos, docentes y alumnos del Nivel Primario y los padres, que se sumaron a esta iniciativa, conformaron un grupo de más de 150 personas que emprendieron la
marcha de amor y devoción a María.
Llegaron al Santuario antes de las 10.00 con sonrisas en sus rostros y banderas, globos y carteles con oraciones, agradecimientos y pedidos a la Virgen.
Es la tercera edición de esta peregrinación, que ya se convierte en una tradición para la escuela primaria del vecino departamento.


Los empleados municipales y el Intendente, a los pies de la Virgen

En la mañana del quinto día del septenario de la Madre del Valle, el Santuario Mariano no cesó de recibir a cientos y cientos de devotos catamarqueños y peregrinos. Entre ellos, los empleados municipales de Capital, quienes arribaron con la Imagen de la Virgen del Valle, que bendice su lugar de trabajo, para participar de la Santa Misa de las 10.00, que contó con la presencia del Intendente de la Capital, Lic. Raúl Jalil, acompañado por su señora esposa, Dra. Silvana Ginoccio.
También rindieron su homenaje en esta celebración eucarística Defensa Civil, Bomberos, Brigada contra Incendios Forestales y los Grupos Scouts.


Los universitarios peregrinaron al Santuario para honrar a la Virgen

En la mañana de hoy, culminó la visita de la Virgen del Valle a la Universidad Nacional de Catamarca, con una peregrinación desde el predio de la casa de estudios superiores hasta el Santuario Mariano. Acompañados por el Pbro. Julio Quiroga del Pino, Capellán de la comunidad universitaria, caminaron decanos, docentes y no docentes rezando el Santo Rosario, cantando alabanzas y meditando los milagros de la Virgen.
Al llegar a la Catedral, participaron de la Santa Misa en la rindieron su homenaje
junto con el Centro Educativo y Cultural Diocesano Virgen del Valle, Institutos de Estudios Superiores, la Escuela Pre Universitaria Fray Mamerto Esquiú, la Pastoral Universitaria y Casa Guadalupe.

La Santa Misa fue presidida por el Pbro. Quiroga del Pino, y concelebrada por los Pbros. Oscar Tapia y Ángel Nieva. Participaron autoridades universitarias, encabezadas por el Rector, Ing. Flavio Fama, de los IES y de los establecimientos educativos alumbrantes, con las banderas de ceremonia, docentes y alumnos.

Las Fuerzas de Seguridad rindieron tributo a Nuestra Señora del Valle

Durante la mañana del viernes 28 de abril, en el quinto día del Septenario en honor a la Virgen del Valle, rindieron su homenaje el Ministerio de Gobierno, Secretaría de Seguridad de la Provincia, Fuerzas de Seguridad, Gendarmería Nacional, Gendarmería Infantil, Policía Federal, Policía de la Provincia, Policías Retirados, Mutual de Policías Retirados, Servicio Penitenciario Provincial, Ejército Argentino, Escuela de Cadetes, Pastoral Penitenciaria, Acampada Policial. Lo hicieron durante la misa de las 8.30, presidida por el Capellán del
Servicio Penitenciario, Pbro. Dardo Olivera, y concelebrada por el Pbro. Juan Orquera, Capellán de la Policía de la Provincia.
Estuvieron presentes el Secretario de Seguridad Provincial, Dr. Marcos Denett; el Director del Servicio Penitenciario, Mario Daniel Romero, el Jefe de la Policía de la Provincia, Orlando Antonio Quevedo, autoridades de Gendarmería Nacional, Ejército Argentino, y efectivos de las distintas fuerzas de seguridad. El canto litúrgico estuvo a cargo de la Banda de Música de la Policía de la Provincia.
Durante su homilía, el P. Orquera agradeció la presencia de los alumbrantes y la tarea que realizan día a día por el bien común, poniendo su vida, incluso su seguridad al servicio de los ciudadanos.

En el momento de las ofrendas, todas las oficinas, departamentos, dependencias y secretarías de las distintas fuerzas de seguridad acercaron al altar ofrendas de alimentos no perecederos, elementos de higiene, agua y muletas para ser destinados a los hermanos que lo necesiten, mientras que las autoridades acercaron los dones de pan y vino.

Luego de la Comunión, representantes de la Policía de la Provincia y del Servicio Penitenciario Provincial elevaron sus oraciones a la Virgen del Valle pidiendo su protección.

Homenaje del Ambito de la Cultura a la Virgen

Mons. Urbanc: “Debemos ser operadores de una cultura del encuentro, la solidaridad y la paz”

En la noche del jueves 27 de abril, rindieron su homenaje a la Madre del Valle el Ámbito Estatal y Privado de la Cultura, Bibliotecas Públicas y Museos.
La Santa Misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por sacerdotes peregrinos que llegaron desde diócesis vecinas a compartir las fiestas por los 126 años de la Coronación Pontificia de la Virgen del Valle. Durante la Eucaristía se rogó por nuestro Pastor Diocesano, en el día de Santo Toribio de Mogrovejo, un gran obispo de la evangelización de América y Patrono del Episcopado Latinoamericano.
Estuvieron presentes la Secretaria de Cultura de la Provincia, Lic. María Jimena Moreno, y
el Secretario de Cultura y Deporte de la Municipalidad de la Capital, Arq. Luis Mauvecín, además de autoridades y miembros de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Catamarca, Junta de Estudios Históricos, SALAC, Damas Belgranianas, Instituto Sanmartiniano y de Cultura Hispánica, y demás instituciones culturales y artísticas del medio.
En el inicio de su homilía, Mons. Dio la bienvenida a los alumbrantes y rogó “que la Virgen del Valle siga siendo para todos ustedes un verdadero faro que los oriente y fuente inspiradora de belleza y bondad”.
Citando documentos de la Iglesia, destacó que “el proceso de encuentro y confrontación con las culturas es una experiencia que la
Iglesia ha vivido desde los comienzos de la predicación del Evangelio”, pues “es propio de la persona humana el no acceder a su plena y verdadera humanidad sino a través de la cultura”. Y agregó: “Así, la Buena Nueva que es el Evangelio de Cristo para todo hombre y todo el hombre, ´al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece’, le llega a éste en su propia cultura, que impregna su manera de vivir la fe y que a su vez es modelada por ésta”.
En otro tramo de su prédica, reflexionó a la luz de la Palabra proclamada, que “Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia y curando todas las enfermedades y dolencias. Fue generando una cultura de la compasión con las multitudes fatigadas, abatidas y desorientadas como ovejas sin pastor. De allí que a todos nos exhorta a ofrecernos como operadores de una cultura del encuentro, el consuelo, la amistad, la comunión, la verdad, el amor, la solidaridad, el servicio y la paz”.

También manifestó que actualmente “estamos acostumbrados a una cultura de la indiferencia y tenemos que trabajar y pedir la gracia de realizar una cultura del encuentro, que restituya a cada persona su propia dignidad de hijo de Dios. Y nos habituamos a esta indiferencia, cuando vemos las calamidades de este mundo y decimos: ‘¡Qué pena! ¡Pobre gente! ¡Cuánto sufre!’… y seguimos de largo. Si no miro, si no me detengo, si no toco, si no hablo, no habrá encuentro y no promoveré una ‘cultura del encuentro’”.
“Le pidamos a la Virgen María que nos ayude a vivir en nuestras familias una verdadera cultura del encuentro, que sepamos escucharnos y mirarnos en profundidad, que en los lugares de trabajo no nos dejemos llevar por la rutina y el individualismo, sino  que nos reconozcamos hermanos los unos de los otros como lo hacía Jesús”, rogó.

Los alumbrantes, que participaron en todos los momentos de la liturgia, elevaron súplicas a Dios y acercaron los dones al altar. Antes de recibir la bendición final, rezaron la oración de preparación para vivir los 400 años del hallazgo de la Virgen del Valle.