AUDIO CELEBRACIONES - FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE

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jueves

Reunión informativa sobre la Escuela de Formación para Laicos

Se invita a todos los directores, coordinadores o delegados de los distintos Movimientos e Instituciones de la Diócesis a una reunión informativa sobre la Escuela Diocesana de Formación para Laicos, el 4 de marzo a las 20.30 en la sede del Centro Educativo, Cultural Diocesano Virgen del Valle, San Martin 954 (antiguo Seminario).

Inicia el ciclo anual de lectio divina, verdadera escuela de vida espiritual

La Pastoral Bíblica de Catamarca comienza su ciclo anual de Lectio Divina para adultos, el jueves 12 de marzo en la Iglesia del CECulD (ex Seminario) a las 20.00, que solamente se interrumpirá por el receso escolar de invierno. El Delegado Episcopal de la Animación Bíblica de la Pastoral, Pbro. Lic. Oscar Tapia, conducirá la lectura orante de la Palabra de Dios durante todo el año, todos los  jueves.

La Verbum Domini del Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica post sinodal sobre la importancia de la Palabra en la vida y la misión de la Iglesia, fundamenta exhaustivamente la importancia de estos encuentros con la Palabra de Dios, cuando, al resumir las conclusiones de los padres sinodales, nos dice: «Es importante recordar que la gran tradición monástica ha tenido siempre como elemento constitutivo de su propia espiritualidad la meditación de la Sagrada Escritura, particularmente en la modalidad de la lectio divina. También hoy, las formas antiguas y nuevas de especial consagración están llamadas a ser verdaderas escuelas de vida espiritual, en las que se leen las Escrituras según el Espíritu Santo en la Iglesia, de manera que todo el Pueblo de Dios pueda beneficiarse» (V D, 83). «El Sínodo ha vuelto a insistir más de una vez en la exigencia de un acercamiento orante al texto sagrado como factor fundamental de la vida espiritual de todo creyente, en los diferentes ministerios y estados de vida, con particular referencia a la lectio divina. En efecto, la Palabra de Dios está en la base de toda espiritualidad auténticamente cristiana».

Con este fundamento, es sumamente razonable y necesario que, en el Año de los Fieles Laicos, lanzado por nuestro Obispo Diocesano, Monseñor Luis Urbanč, el 8 de diciembre del año pasado, el Delegado Episcopal de la Pastoral Bíblica apueste a la escucha común y orante de las Sagradas Escrituras para la formación y crecimiento espiritual de los laicos, a través de la lectio divina no sólo en un ciclo anual para adultos sino también en un segundo, dirigido a los jóvenes que quieran conocer a Jesucristo y seguir sus pasos.

Este último se llevará a cabo desde el sábado 7 de marzo en la capilla de la Virgen Niña desde las 18.00 y se repetirá durante todos los sábados del año. Este encuentro semanal estará coordinado por los jóvenes lectionautas de la pastoral. Para mayor informe podrán dirigirse al Obispado de Catamarca, San Martín 655, por la mañana, a los teléfonos 4422003 y celulares 154685814 y 154905732.

Invitación para quienes deseen ser catequistas

El Pbro. Raúl Contreras, párroco de San Jorge, invita a las personas que deseen colaborar en la tarea evangelizadora como catequistas, particularmente de 1° año de Comunión, a dirigirse a la sede parroquial ubicada en calle Gobernador Marcelino Augier 298, detrás de la escuela San Jorge, en la zona sur de la ciudad capital.

martes

Invitación de las Monjas Dominicas


Convocan a una reunión para preparar las fiestas marianas

El viernes 27 de febrero, se llevará a cabo una reunión para programar las fiestas en honor a Nuestra Madre del Valle, que se desarrollarán del sábado 11 al domingo 19 de abril. La misma tendrá lugar a partir de las 10.00, en el Salón Vicario Segura, ubicado en el predio de la Catedral Basílica.
La convocatoria está destinada a todas las reparticiones públicas e instituciones privadas del medio que participan como alumbrantes durante las fiestas marianas.

El Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, solicita a cada una de ellas que envíen a un representante para coordinar las tareas.

El Obispo presidió el Vía Crucis por calles de la ciudad capital

“En estos 40 días de la Cuaresma, tenemos que recurrir más a la oración y al ayuno para llegar a una profunda comunión con Jesús y con nuestros hermanos”, dijo Mons. Urbanc en la misa.

En el marco del Año de los Laicos, que transita la Iglesia de Catamarca dentro de la Misión Diocesana Permanente, el viernes 20 de febrero se llevó a cabo el Vía Crucis por calles de la ciudad, en el tempo de Cuaresma, que prepara para vivir la Pascua de Resurrección.
Las distintas estaciones del Camino de la Cruz se rezaron desde el Complejo Cultural Urbano Girardi hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, siendo presididas por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, acompañado por el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz, y el Capellán Mayor, Pbro. Lucas Segura.
La manifestación penitencial culminó con la celebración de la Santa Misa en el altar mayor de la Catedral Basílica.

Durante su homilía, el Obispo Diocesano expresó: “Hemos hecho ese camino que a Jesús también le tocó hacer en medio de su pueblo. Hemos querido hacerlo meditando cómo Jesús iba a morir en la cruz por amor”. Tras hacer referencia a la indiferencia de algunas personas, enfatizó que “muchos hemos llegado acompañando a Jesús a nuestra Catedral para terminar este día penitencial con la Santa Misa”.
En otro tramo de su predicación, Mons. Urbanc afirmó que “en este tiempo de Cuaresma lo más cotidiano que podemos hacer es amarnos los unos a los otros. El amor se manifiesta en acciones concretas, puntuales, que nosotros debemos hacer en nuestras familias, en nuestros barrios, en el trabajo, donde nos encontremos. Es así que por amor a Jesús somos capaces de amar a los demás”.


Días de penitencia

“Estos 40 días de la Cuaresma tienen que ser días de penitencia, que nos ayuden a limpiar nuestra alma para estar más disponibles para seguir a Jesús. Tenemos que recurrir más a la oración y al ayuno para llegar a una profunda comunión con Jesús y con nuestros hermanos”, dijo el Obispo.

Luego pidió “al Señor que nos ama desinteresadamente, que tomemos conciencia de la gracia que Él nos regala en este tiempo y así oremos con humildad, meditemos su Sagrada Palabra, hagamos obras buenas, seamos más austeros, no vivamos en la vanidad, para amar como Él nos ama. Que nuestra Santísima Virgen María, que nos cuida y acompaña como Madre, nos siga dando ternura para que nunca nos cansemos de mejorar nuestra vida cristiana”.

Miércoles de Ceniza en la Catedral Basílica

El pasado miércoles 18 de febrero, la Iglesia de Catamarca dio inicio a la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza en todas las parroquias de la Diócesis.
El Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, presidió la Santa Misa con imposición de cenizas en la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, dando inicio al tiempo litúrgico de la Cuaresma que vive la Iglesia hasta el Jueves Santo como preparación para la Pascua de Resurrección.

En la homilía, el Pastor Diocesano invitó a los fieles, quienes colmaron el templo
catedralicio, a aprovechar este tiempo penitencial con la oración, el ayuno y la limosna, acercándose a los sacramentos y reconciliándose con los hermanos.

Con el Miércoles de Ceniza comienza la Cuaresma

Con la imposición de las cenizas, se inicia la Cuaresma, tiempo relevante de preparación para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Misas en la Catedral Basílica

Las celebraciones litúrgicas en el Santuario y Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, se realizarán a las 7.00,  8.00, 10.00, 11.00, 19.00 y 21.00. En todas se impondrá las cenizas en la frente de los fieles.

En San José, Piedra Blanca
Por su parte, en la parroquia de San José, en Piedra Blanca, departamento Fray Mamerto Esquiú, la Misa de Miércoles de Cenizas se celebrará a las 20.00.  

Tiempo de conversión

La Cuaresma se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua (Fuente: Aciprensa).

Vía Crucis organizado por la Junta de Laicos


Con motivo de la celebración del “Año de los Fieles Laicos”, en el marco de la Misión Permanente en la Diócesis de Catamarca, el próximo viernes 20 de febrero a partir de las 20, primer viernes de Cuaresma, se llevará a cabo el Vía Crucis por calles de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, organizado por la Junta de Laicos, precisamente, iniciando las actividades celebratorias del “Año de los Fieles Laicos”.
De dicho Vía Crucis  participarán las instituciones y movimientos del apostolado laico de la diócesis de Catamarca, con representación en la Junta de Laicos, haciéndose extensiva a las distintas pastorales, instituciones educativas y colegios católicos ,y fieles laicos en general, en este tiempo de Cuaresma y en preparación para la celebración de la Pascua de Resurrección.
El Vía Crucis  de referencia partirá a las 20 desde La Alameda, frente al complejo cultural “Urbano Girardi”, recorrerá las calles San Martín, Rivadavia, República y Sarmiento hasta el Paseo de la Fe (girando alrededor de la plaza “25 de Mayo”), para culminar con la celebración eucarística de las 21 en la Catedral Basílica Santuario de Nuestra Señora del Valle.
Las estaciones del Vía Crucis  estarán a cargo de distintas instituciones y movimientos del apostolado laico, pastorales e institutos católicos, de acuerdo al siguiente detalle:
I        Estación: “UNER” – Pastoral Bíblica
II       Estación: “Movimiento Schoenstath” – Past. de  la Salud - Casa del Niño “S. Antonio De Padua”
III      Estación: “Comunidad Convivencia con Dios” – Past.  Vocacional y Liturgia de la Catedral
IV      Estación: “legión de maría” -  pastoral Juvenil
V       Estación: Inst. “FASTA” – pastoral Penitenciaria
VI      Estación: Mov. Eslabón – pastoral Social
VII     Estación: “radio maría” – pastoral misionera
VIII     Estación: “Acción Católica” – past. Comunicaciones – col. "Padre R. de la Quintana"
IX       Estación: Movimiento Familiar Cristiano – past. Educación
X        Estación: Renovación Carismática – Cáritas Diocesana
XI       Estación: Ex Alumnas Col. del Huerto – Damas de la Virgen
XII      Estación: Movimiento Scaut Cat – Colegios “Virgen Niña” y
                              “Ntra. Sra. del Carmen y San José”
XIII     Estación: colegios “Ntra. Sra. del Valle” y “Cristo Rey”

XIV     Estación: “Junta de Laicos” – Mov. “Cursillos de Cristiandad”

jueves

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2015

Fortalezcan sus corazones (St 5,8)

Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.
2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta254,14 julio 1897).
 También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf.Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.
3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
Franciscus 

miércoles

Profesión religiosa de dos chicas


En la mañana de hoy, en la Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, las jóvenes Hna. Zulma Fernanda Usqueda (de Tinogasta) y Hna. Isabel Yanina Gerez (de Aguilares, provincia de Tucumán) respondieron con un sí generoso al llamado de Dios como religiosas de la Congregación de las Misioneras Catequistas de Cristo Rey. La primera ofreció votos perpetuos, mientras que la segunda hizo sus votos por tres años.
La profesión de ambas jóvenes fue durante la Santa Misa presidida por el Obispo Diocesano Mons. Luis Urbanč, concelebrada por varios sacerdotes del clero local, ante la presencia de sus hermanas de Congregación encabezadas por la Madre General Hna. Lucila Aveiro Centurión, seminaristas de la Diócesis y gran cantidad de laicos congregados en la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle.
Al término de la proclamación del Evangelio, las jóvenes hicieron su profesión religiosa.
Como parte del rito, la Hna. Zulma se postró totalmente, mientras todos los presentes entonaban la letanía de los Santos. Luego hizo esta profesión : “ …impulsada por la firme voluntad de consagrarme más íntimamente a Dios y de seguir más de cerca a Cristo durante toda mi vida, prometo y hago votos para siempre, de castidad, pobreza y obediencia, según las Constituciones de las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, en tus manos Reverenda Madre General Lucila Aveiro Centurión y en su presencia Mons. Luis Urbanč, ante las hermanas aquí presentes, y me entrego de todo corazón a esta Familia Religiosa, para que, por la gracia del Espíritu Santo y con la ayuda de la Virgen María, pueda tender a la caridad perfecta, para gloria de Dios, al servicio de la Iglesia”.
Previamente, la Hna. Isabel había hecho sus votos de castidad, pobreza y obediencia, por tres años, con idéntica fórmula a la expresada por la Hna. Zulma.
Al término de la Misa, Mons. Urbanč invitó a todos los presentes a rezar la Consagración a la Santísima Virgen, pidiendo especialmente  por las jovencitas que hicieron su profesión religiosa y por los seminaristas de la Diócesis.
La vida consagrada dentro de la Iglesia es un signo y anticipo de la vida Eterna, expresa con mayor plenitud la consagración del bautismo y vive intensamente en el Amor que es su ideal.